Contracorriente

Contra/
corriente

Contracorriente (2015-2020) es un proyecto editorial en desarrollo que se propone reflexionar en torno a la relación que establece el hombre con su hábitat y las transformaciones que se dan en el territorio como resultado de la misma. A partir de un acercamiento a la región del alto Paraná, en territorios transfronterizos de Argentina, Paraguay y Brasil, el proyecto se propone narrar historias cotidianas vinculadas al medioambiente, la sobreexplotación de los recursos naturales y las formas de resistencia que proponen las comunidades afectadas.

El río Paraná, desde su origen en la confluencia de los ríos Paranaíba y Grande (Br.) hasta su desembocadura en el Río de la Plata (Ar-Uy) se extiende cruzando la mitad sur de Sudamérica y es la arteria principal de la Cuenca hidrográfica del Plata. Al mismo tiempo, es parte vital del conjunto fluvial que sirve de recarga al acuífero Guaraní que, debajo, representa una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Este río, en su tramo del Alto Paraná y su entorno natural, la selva Paranaense, en el pasado símbolos de la biodiversidad y del poderío natural de la región, son hoy un territorio clave para visibilizar la acción del hombre, la sobreexplotación y comercialización de los recursos naturales y las implicancias medioambientales y socioculturales que se dan como resultado de esos procesos. Originalmente la selva, denominada selva Paranaense o selva Misionera en Argentina (en Paraguay se la conoce como Bosque Atlántico del Alto Paraná (BAAPA) y en Brasil como Mata Atlántica del Interior), contaba con una superficie de aprox. 120 millones de hectáreas. Hoy, es uno de los bosques tropicales lluviosos más amenazados del planeta, del cual se calcula subsiste alrededor del 7% de su cobertura original.

El río fue bautizado Parãrã Güazú (pariente del mar) por los guaraníes, originarios habitantes de la región.

Investigaciones arqueológicas de la Universidad Federal de Paraná estiman en 6.000 a.C. las huellas de la presencia del hombre en la zona. Juan Díaz de Solís llegó de España en el año 1512 y en su segunda incursión, en 1516, con la ilusión de cruzar por el río Paraná hacia el océano Pacífico, fue emboscado y asesinado.
Éstas serían las primeras resistencias indígenas de la zona, teniendo en cuenta el sangriento proceso de “conquista” española que aún estaba por venir. Las luchas por los derechos de las comunidades originarias del Alto Paraná continúan hoy, quinientos años después, más vigentes que nunca.

En el relato visual, el escenario y sus personajes aparecen en tonos grises y el monte es negro, como en los cuentos de Horacio Quiroga, quién vivió en San Ignacio, Misiones (Ar.) y dedicó gran parte de su obra a narrar historias de la selva Misionera de principio de siglo XX. En sus relatos también el río se convierte en un presagio fúnebre y el realismo dramático ayuda a construir el ideario del paisaje americano. Pero ese paisaje de río y selva que conoció y describió magistralmente Quiroga ya no es el mismo:
El corrimiento de la frontera agrícola, producto de prácticas de agricultura
intensiva vinculadas al agronegocio exportador (con base en la soja) desmonta el
paisaje nativo. La deforestación se ha intensificado tanto que ha colocado a los
tres países sobre los que se trabaja (Argentina, Paraguay y Brasil) entre los diez
que más han deforestado en el mundo entre 1990 y 2015 según Naciones Unidas.
Argentina figura novena en el ranking de Naciones que más han deforestado
bosque nativo del mundo: en promedio desmontó 300 mil hectáreas por año en
ese período. El país perdió en un cuarto de siglo el 22% de sus bosques, unas 7,6
millones de hectáreas. Paraguay perdió el 27,6% de sus bosques en 25 años, el
mayor índice de América del Sur. Brasil encabeza la lista de países que más han
deforestado en el mundo, con un promedio anual de un millón de hectareas de
desmonte por año. Y los datos empeoran mientras más nos acercamos a la
actualidad.

La monumental cadena de represas hidroeléctricas construídas en su cause,

cinco majestuosas obras de ingeniería que desafían las leyes naturales, dañan
profundamente los ecosistemas y afectan a las poblaciones que allí habitan. De
norte a sur aparece primero la represa Ilha Solteira, que es la tercera más grande
de Brasil y está ubicada al oeste del Estado de São Paulo. Siguiendo el cause del
Paraná hacia el sur está la central “Engenheiro Sousa Dias”, más conocida
como represa Jupiá. Debajo se encuentra la hidroeléctrica “Engenheiro Sérgio
Motta”, conocida como Porto Primavera: su embalse ocupa 2250 km2, el más
grande del país. Después aparecen las mega represas de Itaipú (Br-Pa) y
Yacyreta-Apipé (Arg-Par) sobre las que trabaja el presente proyecto.
Además, la industria papelera, altamente contaminante, se ha instalado en la
Provincia de Misiones (Ar.). Allí funcionan tres plantas de pasta de celulosa (una
en Capioví, otra en Puerto Piray y la tercera en Puerto Esperanza) instaladas en
las márgenes del río Paraná. Se suma a todo lo anterior, el vertido de efluentes
de los centros urbanos y los pesticidas y agrotóxicos que le llegan al río de los
campos cercanos, conformando un sombrío panorama que termina alterando toda
la vida del río y degradando de manera significativa, y a veces definitiva, su
entorno natural y social.

Actualmente estos procesos están intensificándose fuertemente. Nuevos
proyectos de represas, papeleras, agronegocio y deforestación surgen en
territorios naturales claves de la región sur de Sudamérica. En Corrientes (Ar.) y
sobre el río Paraná, se planifica la construcción de otra planta de pasta de
celulosa. En Paraguay se intensifican los avances del agronegocio, el monocultivo
y la extranjerización de la tierra de manera alarmante, prácticamente se ha
extinguido la Selva Paranaense (conocido como BAAPA en Paraguay) y ahora
arrasan la Selva del Chaco. Entre otras problemáticas ambientales que sufre la
región. En este sentido el presente proyecto se propone como un aporte mas a la
reflexión urgente sobre medioambiente, asi como la utopía de contribuir, de
algún modo, a la conciencia, articulación y acción de los pueblos que luchan por
sus territorios.

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El río Paraná, desde su origen en la confluencia de los ríos Paranaíba y Grande (Br.) hasta su desembocadura en el Río de la Plata (Ar-Uy) se extiende cruzando la mitad sur de Sudamérica y es la arteria principal de la Cuenca hidrográfica del Plata. Al mismo tiempo, es parte vital del conjunto fluvial que sirve de recarga al acuífero Guaraní que, debajo, representa una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Este río, en su tramo del Alto Paraná y su entorno natural, la selva Paranaense, en el pasado símbolos de la biodiversidad y del poderío natural de la región, son hoy un territorio clave para visibilizar la acción del hombre, la sobreexplotación y comercialización de los recursos naturales y las implicancias medioambientales y socioculturales que se dan como resultado de esos procesos. Originalmente la selva, denominada selva Paranaense o selva Misionera en Argentina (en Paraguay se la conoce como Bosque Atlántico del Alto Paraná (BAAPA) y en Brasil como Mata Atlántica del Interior), contaba con una superficie de aprox. 120 millones de hectáreas. Hoy, es uno de los bosques tropicales lluviosos más amenazados del planeta, del cual se calcula subsiste alrededor del 7% de su cobertura original.

El río fue bautizado Parãrã Güazú (pariente del mar) por los guaraníes, originarios habitantes de la región. 

Investigaciones arqueológicas de la Universidad Federal de Paraná estiman en 6.000 a.C. las huellas de la presencia del hombre en la zona. Juan Díaz de Solís llegó de España en el año 1512 y en su segunda incursión, en 1516, con la ilusión de cruzar por el río Paraná hacia el océano Pacífico, fue emboscado y asesinado. Éstas serían las primeras resistencias indígenas de la zona, teniendo en cuenta el sangriento proceso de “conquista” española que aún estaba por venir. Las luchas por los derechos de las comunidades originarias del Alto Paraná continúan hoy, quinientos años después, más vigentes que nunca.

En el relato visual, el escenario y sus personajes aparecen en tonos grises y el monte es negro, como en los cuentos de Horacio Quiroga, quién vivió en San Ignacio, Misiones (Ar.) y dedicó gran parte de su obra a narrar historias de la selva Misionera de principio de siglo XX. En sus relatos también el río se convierte en un presagio fúnebre y el realismo dramático ayuda a construir el ideario del paisaje americano. Pero ese paisaje de río y selva que conoció y describió magistralmente Quiroga ya no es el mismo:
El corrimiento de la frontera agrícola, producto de prácticas de agricultura intensiva vinculadas al agronegocio exportador (con base en la soja) desmonta el paisaje nativo. La deforestación se ha intensificado tanto que ha colocado a los tres países sobre los que se trabaja (Argentina, Paraguay y Brasil) entre los diez que más han deforestado en el mundo entre 1990 y 2015 según Naciones Unidas. Argentina figura novena en el ranking de Naciones que más han deforestado bosque nativo del mundo: en promedio desmontó 300 mil hectáreas por año en ese período. El país perdió en un cuarto de siglo el 22% de sus bosques, unas 7,6 millones de hectáreas. Paraguay perdió el 27,6% de sus bosques en 25 años, el mayor índice de América del Sur. Brasil encabeza la lista de países que más han deforestado en el mundo, con un promedio anual de un millón de hectareas de desmonte por año. Y los datos empeoran mientras más nos acercamos a la actualidad.

La monumental cadena de represas hidroeléctricas construídas en su cause, cinco majestuosas obras de ingeniería que desafían las leyes naturales, dañan profundamente los ecosistemas y afectan a las poblaciones que allí habitan. De norte a sur aparece primero la represa Ilha Solteira, que es la tercera más grande de Brasil y está ubicada al oeste del Estado de São Paulo. Siguiendo el cause del Paraná hacia el sur está la central “Engenheiro Sousa Dias”, más conocida como represa Jupiá. Debajo se encuentra la hidroeléctrica “Engenheiro Sérgio Motta”, conocida como Porto Primavera: su embalse ocupa 2250 km2, el más grande del país. Después aparecen las mega represas de Itaipú (Br-Pa) y Yacyreta-Apipé (Arg-Par) sobre las que trabaja el presente proyecto.
Además, la industria papelera, altamente contaminante, se ha instalado en la Provincia de Misiones (Ar.). Allí funcionan tres plantas de pasta de celulosa (una en Capioví, otra en Puerto Piray y la tercera en Puerto Esperanza) instaladas en las márgenes del río Paraná.  Se suma a todo lo anterior, el vertido de efluentes de los centros urbanos y los pesticidas y agrotóxicos que le llegan al río de los campos cercanos, conformando un sombrío panorama que termina alterando toda la vida del río y degradando de manera significativa, y a veces definitiva, su entorno natural y social.

Actualmente estos procesos están intensificándose fuertemente. Nuevos proyectos de represas, papeleras, agronegocio y deforestación surgen en territorios naturales claves de la región sur de Sudamérica. En Corrientes (Ar.) y sobre el río Paraná, se planifica la construcción de otra planta de pasta de celulosa. En Paraguay se intensifican los avances del agronegocio, el monocultivo y la extranjerización de la tierra de manera alarmante, prácticamente se ha extinguido la Selva Paranaense (conocido como BAAPA en Paraguay) y ahora arrasan la Selva del Chaco. Entre otras problemáticas ambientales que sufre la región. En este sentido el presente proyecto se propone como un aporte mas a la reflexión urgente sobre medioambiente, asi como la utopía de contribuir, de algún modo, a la conciencia, articulación y acción de los pueblos que luchan por sus territorios.